Siempre es descorazonador acabar un libro leído como si fuese una experiencia vital. Asi me ha pasado con "Sinuhé, el egipcio". Si bien me ha hecho disfrutar como hace tiempo que un libro no lo hacía, fue triste llegar al final del camino. Sobre todo porque el camino se acababa. Aunque pensándolo bien, tal vez se haya acabado sólo el camino físico, si por ello entendemos que las aventuras de Sinuhé, sus penas y sus perturbaciones, no serán ya contadas. Pero luego está el camino espiritual del libro, ese que nos hace ver a los personajes y situaciones del libro en un determinado momento de nuestras vidas.
Hacía tiempo que no se me escapaban algunas lágrimas. Así fue al día siguiente.
Porque pocas veces me he identificado tanto con un personaje como con Sinuhé. El que es solitario. Solitario hasta cierto punto como lo soy yo. Un poco desubicado en el mundo en el que vive. Aunque tal vez todo el mundo se encuentre de la misma forma que yo.
Toda esta disertación viene a cuento de que el libro me ha fascinado desde la primera a la última página. Y me gustaría recomendar a todo el mundo su lectura para disfrutar al ver a un personaje lleno de humanidad, con una curiosidad infinita por el mundo y sin ningún lastre de prejuicios religiosos, culturales, étnicos o de cualquier otra índolo. Una joya para gozar durante sus aproximadamente 500 páginas.

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