Siempre he sido asustadizo. Lo curioso es que cuando era niño lo combinaba con una audicia poco común en la infancia. Pero los miedos tornaron angustias al llegar esa difícil edad de la adolescencia.
Erika está convencida de que todos esos miedos se deben al clima familiar. De hecho yo recuerdo a mis padres hablándome ya de lo difícil que era la vida y lo que habría que luchar para poder alcanzar cierto nivel de bienestar.
La adolescencia la recuerdo como una constante búsqueda de conciliar los deseos sexuales que con gran brío asomaban en mí. Y cómo mis inseguridades lograban eclipsar cualquier deseo de dar un paso.
Recuerdo también cómo siendo un mal estudiante, tenía la angustia de saber estar obrando mal, sobre todo por el daño que les causaba a mis padres. Y a pesar de todo, lograba sacar las asignaturas y así engañarlos, que tal vez creyesen que su hijo iba por el buen camino.
Luego llegó la Universidad. Los miedos se agrandaron todavía más, porque a las preguntas interiores se añadía el fracaso por primera vez de mis resultados académicos.
Más tarde, un camino sin rumbo me llevaba de un trabajo a otro sin aferrarme a ninguno. Como único elemento positivo de esta etapa, conocí a Erika. Y a día de hoy puedo decir que ha compensado todo lo demás.
La aventura de Irlanda me dio bríos, pero tras la negativa en una serie de postulaciones y el fracaso en una de las posiciones, los miedos se multiplicaron. Todavía recuerdo la búsqueda de trabajo durante más de un mes. Cuánta angustia, cuántos pensamientos inútiles derramados.
Y ocho años después, aquí me encuentro. Como dicen en inglés, "back to square one". Y los miedos vuelven a aflorar. Cuando en Agosto nos anunciaron el traslado de nuestros trabajos a Polonia me sonó a música celestial. Habría una buena indemnización, en Irlanda habría oportunidad de encontrar un nuevo trabajo, sobre todo teniendo en cuenta la experiencia acumulada. Y además es cierto que necesitaba un empujón porque me estaba estancando. Pero después de un mes y unas cuantas potulaciones, la cruda realidad muerde con sus fauces y trae como la resaca los restos del naufragio. Y los miedos afloran de nuevo. El miedo
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