Tuesday, 13 May 2014

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Hoy por fin he comprado una tarjeta de felicitación para Eri. Con qué poco se conforma y cuánto menos aún soy capaz de darle.

Erika es un torrente de vitalidad. Es probablemente mi antítesis. En los únicos momentos en los que la he visto triste yo he sido, generalmente, la única causa de su aflicción. Incluso cuando yo no he sido esa causa, he sido incapaz de darle apoyo.

Eri es la felicidad hecha persona. No recuerdo un sólo momento en el que haya tenido un mal gesto con nadie. 

Es el optimimo en sí. Jamás se hunde y siempre ve lo positivo de la vida. Cuán diferente es a mí en este terreno. Incapaz de sentirse derrotada, siempre se enfrentará a los problemas con la convicción de que serán finalmente resueltos. Ni una brizna de derrotismo, ni una brisa de abandono. 

Erika todo me lo da. Y en ocasiones como la presente, me pregunto qué he hecho para merecer su amor.

Erika será el báculo de mi vejez, la linterna que me dará luz en la oscuridad. El agua que colmará mi sed cuando esté sediento y el pan que acudirá a mi boca cuando tenga hambre.

Sólo ella será la manta que me abrigue cuando tenga frío y el pecho que me arrulle cuando esté triste. La voz que acudirá a darme compañía cuando me encuentre solo y la espada que levantará mi mano cuando esté en peligro.

Ojalá pudiera decirle todo el agradecimiento que le tengo, pero no soy precisamente articulado cuando de expresar sentimientos se trata. Pero necesito dejar constancia de ello, aunque sea en este blog.

Gracias Eri, por tu generosidad infinita.


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